Siempre puedo regresar a mi respiración

Llegué a Escena Urbana en 2015 a clase de yoga y mindfulness sin saber muy bien de qué se trataba, pero tenía la intuición de que emocionalmente podría ser bueno para mí. Llevaba mucho tiempo pensando y sintiendo que, entre otras cosas no encajaba en ningún lugar.

Iniciábamos la práctica con el sonido de la campana invitándonos a cerrar los ojos, observar la respiración y nuestros pensamientos, continuábamos con el aprendizaje de asanas y finalmente la relajación guiada por Gise. A medida que avanzábamos los maestros compartían cada vez un poco más de las enseñanzas del maestro de meditación Thich Nhat Hanh.

Empecé a asistir a meditación los viernes y así durante el cierre de ese año tuve mi primer acercamiento con el cacao. Recuerdo el sabor amarguísimo y a continuación las palabras de Andrés invitándonos a agradecer por el cacao describiendo de la manera más bonita y amable el recorrido desde su siembra hasta llegar a nuestro corazón.

De ese primer año en EU me quedó el recuerdo de dos maestros gracias a quienes me acerqué de una manera muy amorosa al Mindfulness, que me enseñaron a ser paciente con mi cuerpo y con mi mente, y que siempre puedo regresar a mi respiración.

En 2018 después de casi dos años y medio regresé. Había empezado terapia psicológica pues durante el tiempo que no estuve en Escena Urbana viví situaciones que me movieron de forma tal que sin tratarse de lo que se trataba me han traído a un momento de mi vida que no sé cómo llamar pero que me resulta un poco privilegiado.

Me gradué de la universidad. No encontraba trabajo. Estaba en una relación de dependencia emocional. Resultado: síndrome de colon irritable. Final de la relación (un poco dramático). Me dediqué a estudiar inglés y llegó el trabajo que me sacó de la comodidad que me brinda vivir en un mundito, en mi burbuja de aislamiento. Ahora puedo decir que fueron meses desafiantes, que todo lo vivido me puso frente a frente con lo que he llevado dentro y seguramente no quería ver: el baile de la resistencia, miedos que se cumplieron, espejos por todas partes, mucha densidad y, gracias a todo esto reuní la valentía suficiente para enfrentarme a mí misma decir “¡NO MÁS! No aguanto, no es esto lo que quiero, me voy”

Entonces regresé a mi casa, empecé terapia y quise volver a practicar yoga. Fue así como pensando que me había inscrito para yoga llegué un día a clase de meditación. Es de las cosas por las que estoy profundamente agradecida con la vida.

65385465_1335661993256011_6101346608446701568_oPor esos días me pasó lo que a veces llamo “despertar”, que fue hacerme consciente de uno de mis programas subconscientes, uno muy fuerte y doloroso, y a partir del cual empecé mi viaje con la ira. Detrás de la ira encontré en ese momento el miedo y la inseguridad.

Al principio en meditación me preocupaba pensando que si expresaba toda esa ira podría perturbar la práctica de mis compañeros, entonces fui comprendiendo la importancia de la disposición para estar presentes y co-crear un espacio seguro que entre todos sostenemos, en el que no estamos para juzgar y donde compartimos desde el corazón. Meditar en grupo me ayuda a ampliar mi visión, a conectar con mis compañeros y de esa manera también conmigo.

Este año he estado mucho más conectada con el cacao y la meditación porque además del grupo de meditación empecé a tener sesiones privadas casi semanalmente, y he participado en algunas ceremonias grupales, asistí al LIJPE y estuve en el taller el Despertar del Jaguar. Mejor dicho, este año no me he perdido ninguna de las actividades que Andrés y Gise han ofrecido.

En el proceso me encuentro con mi niña interior, disfruto muchísimo de la terapia con sonido y especialmente de mi conexión con el tambor. Voy reconociendo más programas subconscientes, así me doy cuenta de que he vivido muy bien el papel de víctima, a lo que al principio reaccionaba con muchísima ira. Aprendí que valgo porque soy, y así que hay definiciones que se van ampliando y van llegando diferentes situaciones, recuerdos y emociones que necesitan ser vistos y escuchados.

Justo aquí el cacao ha jugado un papel muy importante que a veces pasaba por alto, y es que me ayuda a enraízarme, a estar presente y crear tanto espacio como necesite en mi interior permitiéndome observar mis emociones sin que eso me destruya, en su lugar y con visión amplia encontrar cual es la enseñanza que me traen, comprender por qué decidí vivir determinadas situaciones.

Integrando todo lo que estoy viviendo y aprendiendo (por medio de canalización energética, aprendiendo de chakras y energía de no reparación) me he dado cuenta cómo ahora me trato con compasión y paciencia, cómo el juzgar, juzgarme, la queja y la comparación han disminuido y voy asumiéndome. Sé que todo esto lo estoy logrando con la ayuda del cacao, de mis maestros y mi valentía, por eso hoy tengo el corazón abierto, siento que pertenezco a una tribu en la que ser yo misma es lo más natural, en la que no hay temor a brillar y a la que quiero mucho.

Este está siendo mi viaje de autoconocimiento en el que se reafirma lo que aprendí el primer año en EU, que siempre puedo regresar a mi respiración.

Gracias infinitas Andrés y Gise por tantos espacios, por el amor que ponen en todo lo que hacen y comparten con nosotros.

 

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