Un día, en una meditación con cacao…

Por Érika Bedoya*

Mi Yo pasado (delgada, sonriente, de pelo largo y liso, sin cicatrices y con los dientes chuecos) me sonríe, me toma de la mano y reiniciamos un sendero que siempre me dio miedo observar; mi Yo futuro (con una que otra arruga, una sonrisa sincera, el pelo corto, los ojos llenos de luz, varias cicatrices que no duelen y los dientes en perfecto estado) sonríe, me brinda su mano, y me muestra la confianza que siempre tuve miedo de sentir. Allí estamos las tres, al pie de un gran roble, sentadas en una piedra enorme que nos permite observar un horizonte lleno de verde y más allá el azul del mar. Mi Yo futuro me mira a los ojos con una bondad infinita:

-Qué valiente has sido.

Con una lagrima que no tiene miedo a salir, la observo con el amor con el que nunca antes había visto a alguien, entonces experimento una tranquilidad profunda que me permite mirar a los ojos a mi Yo pasado, la niña me esquiva la mirada, yo la observo:

-Todo va a estar bien, aquí estoy para acompañarte.

La niña llora mientras se lanza a abrazarme y yo experimento nuevamente ese amor infinito.

Web

Andrés y Gisela en Ceremonia de Cacao.

Mi Yo pasado y mi Yo futuro se transforman en una gran bola de luz azul de la que emerge un gran jaguar con manchas celestes. Mi corazón empieza a latir con fuerza, mis manos se ponen frías pero no quiero alejarme de aquel ser que con su presencia me asusta y reconforta al mismo tiempo. Se posa a mi lado y yo me siento protegida.

-Soy todos tus ancestros, soy tu mayor miedo y tristeza, soy tu poder y tu fuerza, soy tu amor y tu luz, soy todo eso que has guardado más de quinientos años en tu interior, hoy voy a rugir, voy a rugir tan fuerte que tu madre, tu abuela y todos tus ancestros sentirán que ya no tienen que callar más, que no hay límites y que su fuerza nunca se ha extinguido.

Un abrazo hace que nos transformemos en un solo ser.

Sé que estás ahí jaguar, sé que soy tu fuerza, tu poder, tu amor y tu luz. Sé que soy yo quien elige y que el otro es una distracción fácil cuando no quiero mirar algo en mi interior. Gota a gota he encontrado ríos fluyendo que vienen en forma de alegrías, amores, amigos y espacios. Hoy sé que soy todos mis ancestros, soy la naturaleza que me rodea, soy el jaguar que sabe cuándo saltar, soy todo lo que he elegido construir y seguiré construyendo constantemente con la ayuda del cacao, un maestro amoroso, tranquilo, en el que encuentro plantas, nubes, soles, ríos y todo de lo que está hecho cada gota de esta medicina ancestral que me conecta con el resplandor de mi corazón.

*Érika es psicóloga. Asiste a nuestros grupos de meditación y ceremonias de cacao desde hace aproximadamente dos años. Este texto tiene su origen en su participación en el taller “El Despertar del Jaguar”, que realizamos el año 2019 co0n el apoyo del Ministerio de Cultura de Colombia y la Secretaría de Cultura de Pereira.

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